El suicida no desea morir, solo dejar de sufrir. Hablan 2 psiquiatras en el Día Mundial del Suicidio

Nunca hay que decirle a un suicida que no lo haga, sino que lo aplace.

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EL protagonista de ‘Los vencejos’, la última novela de Fernando Aramburu, decide que se va a quitar a la vida justo un año después de la fecha en la que llega a la triste conclusión de que el mundo y las personas que le rodean no merecen la pena, y se pasa esos doce meses ajustando cuentas con los demás y haciendo, básicamente, lo que le viene en gana. ¿Es ese personaje del autor de ‘Patria’ un modelo del suicida actual?

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La pregunta viene al caso por la celebración, este sábado 10 de septiembre, del Día Mundial contra el Suicidio, y la respuesta es que sí: lo aseguran dos especialistas en esta conducta radical que ayudan en la provincia de Córdoba, España a las personas a las que les ronda por la cabeza poner fin a su existencia.

Javier Alberca, Psiquiatra

 Se trata de Javier Alberca, psiquiatra del Servicio Andaluz de Salud (SAS) que presta sus servicios en el Hospital Universitario Reina Sofía y que, además, forma parte de la Unidad de Neurociencia del Hospital de la Cruz Roja de la capital; y del psicólogo Jesús Lázaro, que es uno de los quince voluntarios del Teléfono de la Esperanza de Córdoba.

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Jesús Lázaro, Psicólogo

Premeditación

«El noventa por ciento de las personas que cometen un suicidio lo hacen de forma premeditada, o dicho de otra manera, lo plantean con bastante antelación y suelen hablarles de sus intenciones a sus familiares y amigos. Aunque, claro, en este tipo de actos siempre hay, en el momento final, un componente de impulsividad muy importante», suscribe Lázaro.

En esta misma línea se expresa el psiquiatra de la Cruz Roja, que está convencido de la prevención y el diagnóstico precoz son fundamentales para atajar o reducir las autolesiones letales: «Hay un dato que es clave: nueve de cada diez actos de este tipo tienen que ver con una enfermedad mental, y ahí hay mucho por hacer, como por ejemplo la activación, como los profesionales venimos demandando desde hace tiempo, de un plan nacional contra el suicidio», indica Javier Alberca. «Estamos ante un problema de marca mayor que necesita acciones de sensibilización social: en España estamos batiendo récords y ya mueren por este motivo al año tres veces más personas que por los accidentes de tráfico», resala el psiquiatra.

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Este fenómeno se da cada vez con más intensidad entre menores de edad

«Estamos ante un crecimiento muy importante, y llama la atención cómo se da este fenómeno cada vez con más intensidad entre menores de edad: en España perdieron la vida por este motivo catorce niños de catorce años o menos en 2020, que se dice pronto», indica en este punto Javier Alberca. De cualquier modo, la edad mayoritaria de los suicidas se halla en la horquilla comprendida entre los 40 y los 60 años, que suman en torno al 60 por ciento de ellos en el último ejercicio procesado por el Instituto Nacional de Estadística de España.

También llama la atención, aunque es un hecho recurrente desde que hay datos contrastados de las autolesiones letales (principios del siglo XX), que en torno al siete de cada diez actos están protagonizados por hombres. ¿Cuál es la razón? El especialista del Reina Sofía y de la Cruz Roja reconoce que no hay una explicación clara a este patrón. «Hay teorías muy variadas, pero se quedan en el terreno de las hipótesis, como que en las mujeres influye el peso de la función maternal. Y las cifras llaman la atención porque la depresión, que está detrás de muchos casos, es más frecuente entre las mujeres», reflexiona el médico.

Jesús Lázaro, que lleva desde 2015 trabajando de forma altruista para el Teléfono de la Esperanza, distingue entre tres tipos de conducta. La primera es la del individuo que tiene ideas suicidas, es decir, «personas que te confiesan que les ronda por la cabeza esa posibilidad, pero no lo han decidido todavía». «Luego están las crisis suicidas, en las que englobamos a los usuarios de nuestro servicio que se encuentran ya en una fase de planificación, que ya saben incluso cómo lo van a hacer, y que probablemente saben hasta cuándo lo harán; y por último hay que hablar de quienes llaman en plena ejecución, delante del balcón o de la ventana o con el instrumento con el que van a cometer el hecho en la mano», suscribe el psicólogo.

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La creación de empatía

Hay que ponerse en la piel de Lázaro y preguntarse cómo reacciona alguien, por muy psicólogo que sea, ante una comunicación telefónica en la que le aseguran que ésa es la última llamada que va a hacer en su vida. «Lo que de ninguna manera hay que hacer es tratar de convencer a esa persona de que no se suicide, por que no va a dar resultado, sino que lo que hay que decirle es que es mejor que lo haga al día siguiente, que lo aplace, que no tiene por qué tener prisa», declara el especialista en una conversación.

«Así consigues crear una empatía, generar una conversación que poco a poco va siendo de confianza -prosigue-, y ya después le haces pensar en el día después de su muerte, en cómo se van a sentir sus seres queridos cuando se enteren de que se ha quitado la vida, en el duelo tan duro que van a sufrir, y en esa misma charla también buscas sus anclajes a la vida, como los amigos, la pareja, los familiares a los que más aprecie, o incluso su mascota», reflexiona.

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Nunca hay que decirle a un suicida que no lo haga, sino que lo aplace.

El psiquiatra Javier Alberca trata a diario en sus consultas con pacientes con reflejos suicidas. «En realidad, ellos no desean morir, sino dejar de sufrir, y eso es lo que intento hacerles ver cuando he empezado a empatizar con ellos: hay que ponerles encima de la mesa que su decisión de que el suicidio es una solución no es ni mucho menos una certeza, sino que todo está basado en suposiciones, como por ejemplo que si uno se muere va a dejar de sufrir, que sólo va a aliviarse de problemas si se va o que se va a encontrar mejor muerto que vivo: ese es el camino y no tratar de entrada de convencerlos de que no se suiciden, sino de razonar», comenta el facultativo, que asegura que tanto en el Reina Sofía como en la Cruz Roja se activa un protocolo contra suicidios en cuanto se detectan casos de riesgo.

Conversación

Cuando el protagonista del acto está con las manos en la masa la manera de entablar una conversación en términos sensatos es mucho más complicada. Lo sabe Jesús Lázaro por experiencia propia. «Recuerdo que atendí una llamada que nos hizo una mujer y que nos decía que no quería morirse sola. Tenía el frasco de pastillas en la mano. Hablé con ella todo lo que pude, diciéndole que pospusiera el suicidio, pero llegó un momento en que su voz se apagó, en que dejó de hablar».

¿Ha sido la pandemia un acelerante de los casos de autolesiones terminantes? Sí y no. «El aislamiento social, como el que pudimos vivir con el confinamiento, es siempre un factor que potencia los suicidios, pero el hecho es estar acompañado por fuerza, encerrados en casa sin poder salir, también ha sido importante para que personas que lo tenían pensado no pudieran llevarlo a cabo», concluye Jesús Lázaro.

Fuente de la información: ABC de Córdoba.