Campaña de Petro se blinda contra un posible fraude electoral

«Perro viejo ladra echado», dice un viejo refrán español. Esto aplica para veteranos políticos como el senador Roy Barreras, que desde su ingreso a la campaña de Gustavo Petro le advirtió sobre la necesidad de buscar mecanismos eficaces para evitar que en la Registraduría Nacional del Estado Civil se fraguara un posible fraude electoral, para robarle las elecciones al Pacto Histórico, desde las legislativas del pasado 13 de marzo hasta las presidenciales del próximo 29 de mayo.

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El cerebro antifraude se estrenó el 13 de marzo

Desde una oficina que él mismo bautizó como “Fábrica de reclamaciones”, y con más de cien personas a su cargo, Álvaro Echeverry, un manizaleño que trabajó durante 26 años en la Registraduría y conoce al dedillo los procesos electorales, fue el encargado de recuperar los votos por el Pacto Histórico en cerca de 30.000 mesas, y –de paso– alertar a los otros partidos sobre los errores de la Registraduría. ¿Cómo lo logró?

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En junio de 2021, Roy Barreras concertó una reunión entre Álvaro Echeverry y Gustavo Petro con el fin de convencer a Petro de que Echeverry era la ficha indicada para vigilar los votos del Pacto Histórico en las elecciones de 2022. 

Álvaro Echeverry mostrando datos de cómo se evita un fraude

Echeverry desplegó entonces una presentación de 16 páginas en las que estaban consignados algunos interrogantes que le habían quedado de los comicios de 2018. El principal era que, en las mesas en las cuales se registraron votaciones por arriba del promedio habitual (200 personas por mesa), el favorecido había sido el candidato Iván Duque. Durante años, Echeverry se había tomado la tarea de calcular, cronómetro en mano, cuántos minutos tardaba una persona votando. Llegó a la conclusión de que cada votante se tomaba entre dos minutos y dos minutos cuarenta segundos. En diez minutos, votarían máximo cinco personas; en una hora, 25 personas, y en ocho horas –que dura la jornada electoral– unas 200, siempre y cuando hubiera una afluencia permanente de votantes. 

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Echeverry le dio ejemplos específicos a Petro de casos que le llamaron la atención. Uno de ellos fue en una mesa en Pamplona, Norte de Santander. En esa mesa las personas no solo votaron por encima del promedio de los dos minutos (lo habían hecho en un récord de 48 segundos), sino que, además, el 85 por ciento de las personas que votaron tenían entre 60 y 108 años de edad. 

Ejemplo de censo en Pamplona

Municipio por municipio, y mesa por mesa, Echeverry le fue presentando a Petro las irregularidades que había detectado en 2018 y la posibilidad de que en muchas mesas, en donde, curiosamente, el favorecido era Duque, hubiera habido más votantes de lo que físicamente era posible.

La presentación fue suficiente para convencer a Petro de que Echeverry era el hombre que buscaba para fiscalizar para el Pacto Histórico las elecciones de 2022. Solo que, para hacer el trabajo, se necesitaba plata. Mucha plata. Tanta, que Roy Barreras terminó por admitirlo: “La mitad del presupuesto lo hemos dedicado a la campaña. La otra mitad, a vigilar las elecciones”.

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Fue así como en enero de 2022, Echeverry consiguió que el Pacto Histórico le garantizara 3.500 millones de pesos para armar un piso completo en el centro de Bogotá, dotado de digitadores, agentes call center, abogados, ingenieros desarrolladores y varios profesionales más. Y fue en esa oficina, con capacidad para unas 100 personas (tienen otra en la que hay 60 personas más), donde su equipo detectó que en el preconteo del 13 de marzo para Senado había cero votos por el Pacto Histórico en 29.425 de las 112.900 mesas que tuvieron los comicios electorales.

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 ¿Quién es Álvaro Echeverry?

La vida de Echeverry, abogado de la Universidad de Caldas, se podría partir en dos: antes y después de su paso por la Registraduría. Allí trabajó 26 años, entre 1982 y 2008, suficiente para enterarse al detalle de los procesos electorales que más tarde se encargaría de vigilar. De ser supernumerario y hasta fotógrafo, logró convertirse en director nacional del censo electoral, gracias, entre otras cosas, a los buenos oficios de Aurelio Iragorri –por ese entonces secretario privado de la registradora Alma Beatriz Rengifo, con quien entabló una amistad que ha perdurado hasta hoy. También perteneció al sindicato, donde tuvo sus primeros acercamientos a la política.

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Mientras trabajaba en la Registraduría, sufrió uno de los episodios más dramáticos de su vida: el secuestro, hace diez años, del avión HK3951 de Aires por parte de las Farc, que terminó en el rapto del exsenador Jorge Eduardo Gechem Turbay. Eran tiempos convulsionados que lo obligaban a dar instrucciones a los funcionarios regionales de guardar los pliegos electorales en cantinas de leche para que los guerrilleros no los confiscaran. “El otro truco –cuenta riendo– era sugerirles que se guardaran las actas de escrutinios entre las huevas”.

Quienes lo conocen de cerca describen a Álvaro Echeverry como un jurista cruzado con ingeniero electoral. Incluso, personas de partidos distintos del Pacto Histórico le reconocen la filigrana con la que fiscalizó los resultados legislativos, armado prácticamente de una registraduría propia.

Fuente de la información: Revista Cambio.