El último gran circo colombiano

EL ULTIMO GRAN CIRCO COLOMBIANO

Escrito por: EVER VERU COLLAZOS

Cambiamos cada cuatro años de bufones, para que realicen el espectáculo en los mismos escenarios, presentando al público diferentes comedias y actos, paradójicamente, no divirtiendo al público sino burlándose del que  los eligió.

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Parodiando, la trilogía de los grandes espectáculos romanos,  destinados a divertir al pueblo,  el teatro, el anfiteatro  y el circo romano;  aquellos escenarios en donde  se celebraban actividades lúdicas para divertir y distraer al público,  consistente en carreras de carros, peleas entre  gladiadores, sangrientas luchas a muerte entre prisioneros y  esclavos,  quienes luchaban por  su libertad contra feroces  animales salvajes, en aquellos escenarios de los cuales en la mayoría de los casos salían directo pero al cementerio; hoy que se eligió  en Colombia, un  nuevo congreso de la República,  para el periodo constitucional 2022 – 2026, traigo a colación las celebraciones de la antigüedad en aquellos recintos,  que en nada distan de la actual realidad, con  nuestro  congreso de la república, pues lo  único  que cambian son los  protagonistas  cada vez que se celebran elecciones, con nuevos comediantes y actores en cada una de las funciones presentadas al público, en donde además, cada cuatro años,  unos terminan directo al sepulcro o al destierro,  y otros superviviendo en el mejor de los casos, por uno  u otros periodos.

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Al igual que, en las celebraciones de aquellas épocas romanas, nuestro congreso de la república,  se ha convertido,  nada más que en un circo, en donde la gran mayoría de los actores  ( se salvan unos muy contados ), se reúnen en semejantes escenarios, (Senado y cámara ), dizque para tomar decisiones fundamentales y trascendentales para el desarrollo del País, pero, a la postre la gran mayoría de senadores y representantes a la cámara, paradójicamente, han convertido aquellos recintos únicamente en eso, en un circo; escenarios en donde se congregan  y presentan bochornosos espectáculos; irónicamente no para divertir al público, sino para divertirse con el mismo  que los eligió ingenuamente  para que los representara,  menos para que se burlaran de él.

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Cambiamos cada cuatro años de bufones, para que realicen el espectáculo en los mismos escenarios, presentando al público diferentes comedias y actos, paradójicamente, no divirtiendo al público sino burlándose del que  los eligió   para otra cosa muy distinta, menos para ser objeto de su hazmereír.  La gente está hastiada y ya no cree en los políticos, porque cada vez que se presentan elecciones en cualquier escenario, quienes constantemente llegan a prometer el cambio, como los últimos y únicos salvadores del caos reinante, terminan convirtiéndose en otros ladrones y bufones,  más no  divirtiendo al público,  sino robándolo, pisoteándolo,  burlándose y divirtiéndose con él a su costa.

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¡ Es tanto el  desprestigio del Congreso de la República, y prueba fehaciente de ello, es que el ciudadano poco vota en elecciones, ya no se aglutina ni acude en masa como en antaño a depositar su voto,  y al igual  que en los espectáculos circenses en donde cada día menos gente asiste.  La triste realidad  es que nuestro congreso de la república, se ha convertido en eso, en un circo,  por culpa  de la gran mayoría de sus integrantes;  recinto en el cual se debaten trascendentales decisiones y se crean y reforman leyes vitales para el País.  ¡Desgraciadamente el pueblo ya no cree, y tampoco asiste al espectáculo!

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Irónicamente en dichos escenarios, los famosos padres de la patria, tal como se hacen llamar,  si se divierten con el público al estilo circense, se burlan y juegan a diestra y siniestra  con el ciudadano que deben representar,  y para quien deben legislar, creando y modificando leyes, que generalmente terminan   beneficiando a los grandes emporios económicos, a las multinacionales,  a la gente de clase alta, a los grupos políticos de los cuales provienen;  perjudicando y desamparando en altos porcentajes  a la mayoría de los ciudadanos más inermes,  quiénes  al final  terminan pagando los platos rotos,  producto de las erradas  elecciones,  y en consecuencia de las malas decisiones de sus  “ dignos “ representantes.

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Desgraciadamente la gran mayoría, en eso se terminan convirtiendo, en unos payasos y  bufones,  y para colmo de males como si fuera poco,  también en unos ladrones.

Se salvarán cada cuatrienio  unos muy pocos.  Casos excepcionales de aquellos que se pueden contar con los dedos de la mano, los hay de todos los sectores, y por cierto muy buenos. De diez tal vez ninguno, de cada cien,  solo unos.